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Los años 40

En el cine de 1940 tuvo una notable influencia la Segunda Guerra Mundial. Tanto la producción como los temas se vieron afectados por un conflicto que se recrudeció hasta mediada la década. A pesar de ello, y con el color abriéndose paso en numerosos proyectos, los efectos visuales no dejaron de avanzar, sobre todo de la mano de auténticos genios del cine.

Ciudadano Kane (1941), la obra maestra de Orson Welles, hizo aportaciones imprescindibles en el terreno de los efectos visuales, desde las transparencias y fundidos, a la filmación de maquetas o fondos trucados, entre otras muchas cosas.

El ladrón de Bagdad (1940), nueva versión de la fantasía oriental, ahora bajo la exigente producción de Alexander Korda, quien llegó a contar con hasta seis directores para completar la película. Fue el primer largometraje que utilizó los fondos de color para hacer posible la técnica del croma.

A pesar del gusto del público por la fantasía, los efectos visuales también se hicieron presentes en otros géneros, como en el cine bélico, muy de moda en aquellos años por su carácter propagandístico.

Treinta segundos sobre Tokio (1944), un drama bélico de Mervyn LeRoy, consiguió el Oscar a los Mejores efectos visuales por sus escenas de bombardeos.

Los años 20

A lo largo de la década de 1920, el cine experimentó algunos cambios muy significativos. El principal de ellos fue la llegada del sonido, que obligó a renovar toda la industria, desde la forma de rodar películas a las salas de exhibición. Pero, al margen de la revolución sonora, la imagen siguió conquistando nuevos terrenos gracias a ingeniosas producciones que nos permitieron visitar mundos fantásticos.

El ladrón de Bagdad (1924), dirigida por Raoul Walsh, y con diseño de producción de William Cameron Menzies. Una fantasía exótica al servicio de su protagonista, el mítico Douglas Fairbanks Junior, que se convirtió en una de las películas más caras de la década.

El mundo perdido (1925), de Harry Hoyt, estaba inspirada en la novela del mismo nombre de Arthur Conan Doyle. Supuso el descubrimiento de uno de los grandes genios de los efectos especiales, el dibujante y escultor Willis O’Brien.

Metrópolis (1926), de Fritz Lang, es un clásico del cine de ciencia ficción. Considerada como una de las obras claves del expresionismo alemán, presentaba una historia futurista repleta de efectos visuales revolucionarios.

Sobre los revolucionarios efectos especiales de Metrópolis