Los años 20

A lo largo de la década de 1920, el cine experimentó algunos cambios muy significativos. El principal de ellos fue la llegada del sonido, que obligó a renovar toda la industria, desde la forma de rodar películas a las salas de exhibición. Pero, al margen de la revolución sonora, la imagen siguió conquistando nuevos terrenos gracias a ingeniosas producciones que nos permitieron visitar mundos fantásticos.

El ladrón de Bagdad (1924), dirigida por Raoul Walsh, y con diseño de producción de William Cameron Menzies. Una fantasía exótica al servicio de su protagonista, el mítico Douglas Fairbanks Junior, que se convirtió en una de las películas más caras de la década.

El mundo perdido (1925), de Harry Hoyt, estaba inspirada en la novela del mismo nombre de Arthur Conan Doyle. Supuso el descubrimiento de uno de los grandes genios de los efectos especiales, el dibujante y escultor Willis O’Brien.

Metrópolis (1926), de Fritz Lang, es un clásico del cine de ciencia ficción. Considerada como una de las obras claves del expresionismo alemán, presentaba una historia futurista repleta de efectos visuales revolucionarios.

Sobre los revolucionarios efectos especiales de Metrópolis

Orígenes

Se considera que la primera película que empleó un efecto visual fue La ejecución de María Estuardo Reina de Escocia, un corto de 18 segundos que produjo Thomas Edison en 1895. El corto fue dirigido por Alfred Clark y también fue el primero en la historia en utilizar a actores entrenados.

El padre de los efectos especiales, Georges Méliès

En un momento en que casi todo lo que se filmaban eran escenas de la vida real, él demostró que el cine podía potenciar la imaginación del espectador por medio de la ficción. Méliès, que procedía del mundo del teatro, desarrolló una actividad impresionante rodando más de 500 películas. En ocasiones, éstas no eran más que un simple truco de apenas un minuto de duración. Pero también llegó a realizar ingeniosas producciones que alcanzaban los 20 minutos. Su obra cumbre fue Viaje a la Luna, una espectacular historia que comenzó a preparar en 1896 y que no culminó hasta 1902. En ella, utilizando llamativos decorados y una sorprendente colección de efectos especiales, explicaba la historia de un grupo de científicos que viajaban hasta la luna en una especie de bala de cañón, para luego vivir allí sugerentes aventuras.

Segundo de Chomón, otro genio pionero de los efectos especiales

Un hombre decisivo en el arranque del cine español fue el aragonés Segundo de Chomón, cuyas aportaciones en el campo de los trucos visuales le llevaron a ser comparado con Méliès. Tras llamar poderosamente la atención con trabajos como Choque de trenes, Gulliver en el país de los gigantes, Eclipse de sol y El hotel eléctrico, en las que están presentes maquetas, dobles exposiciones y efectos obtenidos gracias al mágico «paso de manivela», fue contratado por la poderosa compañía francesa Pathé para que se encargase de sus producciones de fantasía. Innovador y extraordinariamente creativo, Chomón fue autor de más de 500 trabajos cinematográficos que tuvieron una influencia importante en las posteriores obras de muchos cineastas europeos. De hecho, ya en la parte final de su carrera, colaboraría en el diseño de efectos visuales de películas tan conocidas como Cabiria, de Giovanni Pastrone, o Napoleón, de Abel Gance.

El corto La barba rebelde

Existieron numerosos pioneros que jugaron con las posibilidades mágicas de la imagen. Una muestra de ello lo ofreció la compañía de distribución holandesa Van Duinen con esta recopilación de efectos titulada Narren-Grappen.

Y, en breve, llegaron también las primeras obras de animación. Una de las más famosas fue Gertie el Dinosaurio, el primer personaje animado con personalidad propia, creación del dibujante Winsor McCay, responsable también de las tiras de El pequeño Nemo.

Presentación

El cine actual es puro vértigo: acción, explosiones, persecuciones… Rara es la película en la que no aparezca un dragón, una catástrofe natural o, al menos, un movimiento de cámara imposible. Hay quien asegura que gusta de hacer las cosas a la antigua usanza. Sam Mendes, por ejemplo, afirmó durante el rodaje de su segunda película de James Bond, Spectre, que había intentado rodar las secuencias de acción con el mayor realismo.

Luego, cualquier que viera Spectre seguramente tendría dificultades de diferenciar si esas escenas de acción pertenecían a un largometraje o a un videojuego.

Pero así es el cine actual: mucho efecto especial. Tanto, que puede adoptar casi un mayor protagonismo que la misma historia. ¿Ocurrirá por ejemplo en lo nuevo de Star Wars?

Desde luego, parece que el cine digital nos ha traído un nuevo tipo de espectáculo, que cada día tiene menos que ver con el cine clásico y que, por lo que parece, ha llegado para quedarse. Veamos otro ejemplo.

Y el secreto de todo este cambio está en algo que puede verse aquí.