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Los 2010

En la actualidad, da la impresión de que los límites del cine solo lo puede poner la imaginación de los cineastas. Pero… ¿estamos viendo cine tal y como se concibió en su origen?

Origen (2010), de Christopher Nolan, nos mostró cómo el cine ya es incluso capaz de construir hasta los mismos sueños.

TRANSFORMACIÓN DEL CINE

Los films clásicos de Hollywood, los films europeos de arte y ensayo y los de vanguardia en su mayor parte consisten en grabaciones fotográficas no modificadas de hechos reales que tuvieron lugar en espacios reales. En la era de la simulación por ordenador y de la composición digital, esta característica común deja de existir.

El cine, como la fotografía, nació con la vocación de retratar la realidad. Ahora, con la posibilidad de generar en su totalidad escenas fotorealistas con un ordenador empleando animación 3-D; modificar frames individuales o escenas completas con la ayuda de un programa de diseño.

Los Vengadores (2012), de Joss Whedon, primera adaptación de la famosa saga de los superhéroes de Marvel, se mostró como una extraordinaria exhibición de efectos especiales digitales.

En un interesante artículo, el teórico Lev Manovich defiende que el cine digital se ha convertido, más bien, en un subgénero de la pintura. Tiene su sentido, si admitimos que hemos pasado de captar imágenes en movimiento con la cámara a crearlas con los ordenadores. Manovich define el cine digital como un caso particular de animación que usa filmación en vivo como uno sus muchos elementos. Y, en este sentido, afirma que «la historia de la imagen en movimiento completa un círculo en su totalidad. Nacido de la animación, el cine empuja a la animación hacia sus fronteras, para finalmente convertirse en un caso particular de animación.» 

El origen del planeta de los simios (2011), de Rupert Wyatt.

La vida de Pi (2012), de Ang Lee.

Gravity (2013), de Alfonso Cuarón

El lobo de Wall Street (2013), la delirante historia del broker Jordan Belford realizada por un Martin Scorsese pletórico, nos demostró que ya no hacen falta las historias fantásticas para beneficiarse de la tecnología digital.

Marginadas por la institución del siglo XX del cine de acción dinámica narrativa que los relega a los dominios de la animación y de los efectos especiales, estas técnicas renacen como fundamento de la realización fílmica digital. Lo que era suplementario para el cine se convierte en su norma. Manovich asegura que de esa clásica teoría del cine-ojo, hemos pasado ahora a una nueva que se podría denominar como cine-pincel. Y, por supuesto, eso redefine por completo la industria tradicional del cine.

Pan (2015)

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