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Arqueología

Los juguetes ópticos del siglo XIX fueron los auténticos antecedentes del cine.

Thaumatrope

Zootropo

Todos ellos tenían una característica en común: utilizaban ilustraciones para crear la ilusión de la imagen en movimiento.

Cuando entró en juego la fotografía, estas ideas ingeniosas confluyeron en la creación del cine como un nuevo y genial invento.

La llegada del tren de los hermanos Lumière

 

Los años 60

La década de 1960, marcada por la crisis del sistema de los grandes estudios, supuso un cambio absoluto en el campo de los efectos visuales. A lo largo de la década se fueron dando pasos de gigante hasta alcanzar niveles de trucaje visual nunca antes visto en una gran pantalla.

El tiempo en sus manos (1960) era una divertida película de George Pal que estaba inspirada en el clásico de H. G. Wells «La máquina del tiempo». Rod Taylor era el protagonista de una película que contaba con efectos especiales realmente encantadores.

Jasón y los argonautas (1963) presentaba una aventura mitológica que fascinó sobre todo por las criaturas creadas para la ocasión por el genial Ray Harryhausen, un auténtico mago de la técnica del stop-motion, que continuó maravillándonos en proyectos como Hace un millón de años (1966), El viaje fantástico de Simbad (1973) o Furia de titanes (1981).

Viaje alucinante (1966), de Richard Fleischer, especulaba con la ilusión de que se pudieran reducir a los seres humanos hasta un tamaño microscópico. En este caso, un grupo de personas se internaban en el cuerpo de un prestigioso científico para llevar a cabo una delicada operación.

El planeta de los simios (1968), de Franklin J. Schaffner, nos trasladaba a un lugar en el que  una raza de simios mentalmente muy desarrollados se habían hecho con el control de todo. Una auténtica joya del cine de ciencia-ficción.

2001, una odisea del espacio (1968), adaptación de un relato breve de Arthur C. Clarke, por parte de Stanley Kubrick, abrió un nuevo periodo en el terreno de los efectos visuales. De algún modo fue la auténtica conquista del espacio por parte del cine, que se confirmaría en la siguiente década.

Los años 50

La década de 1950 arrancó con un claro despertar del cine fantástico. Las amenazas procedentes del espacio exterior inspiraron infinidad de argumentos y obligaron a los especialistas en efectos visuales a agudizar el ingenio. Sin embargo, poco a poco el público mostró su interés por un tipo de superproducción muy diferente: el gran cine épico.

Cuando los mundos chocan (1951), de Rudolph Maté, se convirtió en una pequeña joya del cine de ciencia ficción de la época, especulando con la posibilidad de que una estrella gigante entrara en colisión con nuestro planeta.

La guerra de los mundos (1953), adaptación de Byron Haskin, de la conocida obra de H. G. Wells, marcó todo un hito en la historia del cine y abrió la puerta a las películas de invasiones alienígenas.

Los diez mandamientos (1956), la bíblica epopeya realizada por Cecil B. De Mille, con la mítica escena de Moises separando las aguas del Mar Rojo para poder huir del ejército egipcio, cautivó a los espectadores de la época.

Ben-Hur (1959), otro clásico del cine épico protagonizado por Charlton Heston, también presentó infinidad de efectos visuales que provocaron el asombro de la audiencia.

Vértigo (De entre los muertos) (1958) está considerada como una de las obras maestras de su director, Alfred Hitchcock. En ella, aportaba un novedoso efecto visual. En cualquier caso, el maestro del suspense ya había dado muestras de su interés por el juego visual en numerosos de sus trabajos, como se muestra en esta breve recopilación.

Los años 40

En el cine de 1940 tuvo una notable influencia la Segunda Guerra Mundial. Tanto la producción como los temas se vieron afectados por un conflicto que se recrudeció hasta mediada la década. A pesar de ello, y con el color abriéndose paso en numerosos proyectos, los efectos visuales no dejaron de avanzar, sobre todo de la mano de auténticos genios del cine.

Ciudadano Kane (1941), la obra maestra de Orson Welles, hizo aportaciones imprescindibles en el terreno de los efectos visuales, desde las transparencias y fundidos, a la filmación de maquetas o fondos trucados, entre otras muchas cosas.

El ladrón de Bagdad (1940), nueva versión de la fantasía oriental, ahora bajo la exigente producción de Alexander Korda, quien llegó a contar con hasta seis directores para completar la película. Fue el primer largometraje que utilizó los fondos de color para hacer posible la técnica del croma.

A pesar del gusto del público por la fantasía, los efectos visuales también se hicieron presentes en otros géneros, como en el cine bélico, muy de moda en aquellos años por su carácter propagandístico.

Treinta segundos sobre Tokio (1944), un drama bélico de Mervyn LeRoy, consiguió el Oscar a los Mejores efectos visuales por sus escenas de bombardeos.

Los años 30

Ya con el sonido presente en la industria del cine, el Séptimo Arte buscaba nuevos avances, como la conquista del color y también sugerentes efectos visuales. La década de 1930 estuvo repleta de aportes sorprendentes.

Volando a Río de Janeiro (1933), fue un musical convencional de Thornton Freeland que supuso el descubrimiento de la pareja formada por Ginger Rogers y Fred Astaire. Pero marcó un hito por las composiciones visuales del especialista en efectos visuales Linwood G. Dunn, precursor de lo que luego conoceríamos como la técnica del Chroma.

El hombre invisible (1933), de James Whale, era una adaptación de la célebre obra de H. G. Wells. Sus sorprendentes efectos especiales hicieron creer al público de la época que el actor Claude Rains era capaz de hacerse invisible de verdad.

King Kong (1933), la primera versión del mítico gorila gigante, se estrenó el mismo año. La película reunió el talento de Willis O’Brien como escultor y de Linwood Dunn como experto en trucajes visuales. Como ya sabemos, hizo historia.

Un breve vistazo a los efectos especiales de King Kong.

El mago de Oz (1939), de Víctor Fleming, protagonizada por Judy Garland, fue otra producción fantástica repleta de importantes avances visuales, en este caso obra de Arnold Gillespie y su equipo de más de 40 técnicos. Con pinturas mate, proyectores, miniaturas y mucho ingenio, tuvo que aceptar el riesgo de que el brillante Technicolor no pusiera en evidencia sus trucos.

Vinieron las lluvias (1939), de Clarence Brown inauguró la categoría del Oscar a los mejores efectos visuales, hasta entonces inexistentes. Se llevó esta primera estatuilla por la espectacular escena del terremoto.

Los años 20

A lo largo de la década de 1920, el cine experimentó algunos cambios muy significativos. El principal de ellos fue la llegada del sonido, que obligó a renovar toda la industria, desde la forma de rodar películas a las salas de exhibición. Pero, al margen de la revolución sonora, la imagen siguió conquistando nuevos terrenos gracias a ingeniosas producciones que nos permitieron visitar mundos fantásticos.

El ladrón de Bagdad (1924), dirigida por Raoul Walsh, y con diseño de producción de William Cameron Menzies. Una fantasía exótica al servicio de su protagonista, el mítico Douglas Fairbanks Junior, que se convirtió en una de las películas más caras de la década.

El mundo perdido (1925), de Harry Hoyt, estaba inspirada en la novela del mismo nombre de Arthur Conan Doyle. Supuso el descubrimiento de uno de los grandes genios de los efectos especiales, el dibujante y escultor Willis O’Brien.

Metrópolis (1926), de Fritz Lang, es un clásico del cine de ciencia ficción. Considerada como una de las obras claves del expresionismo alemán, presentaba una historia futurista repleta de efectos visuales revolucionarios.

Sobre los revolucionarios efectos especiales de Metrópolis

Orígenes

Se considera que la primera película que empleó un efecto visual fue La ejecución de María Estuardo Reina de Escocia, un corto de 18 segundos que produjo Thomas Edison en 1895. El corto fue dirigido por Alfred Clark y también fue el primero en la historia en utilizar a actores entrenados.

El padre de los efectos especiales, Georges Méliès

En un momento en que casi todo lo que se filmaban eran escenas de la vida real, él demostró que el cine podía potenciar la imaginación del espectador por medio de la ficción. Méliès, que procedía del mundo del teatro, desarrolló una actividad impresionante rodando más de 500 películas. En ocasiones, éstas no eran más que un simple truco de apenas un minuto de duración. Pero también llegó a realizar ingeniosas producciones que alcanzaban los 20 minutos. Su obra cumbre fue Viaje a la Luna, una espectacular historia que comenzó a preparar en 1896 y que no culminó hasta 1902. En ella, utilizando llamativos decorados y una sorprendente colección de efectos especiales, explicaba la historia de un grupo de científicos que viajaban hasta la luna en una especie de bala de cañón, para luego vivir allí sugerentes aventuras.

Segundo de Chomón, otro genio pionero de los efectos especiales

Un hombre decisivo en el arranque del cine español fue el aragonés Segundo de Chomón, cuyas aportaciones en el campo de los trucos visuales le llevaron a ser comparado con Méliès. Tras llamar poderosamente la atención con trabajos como Choque de trenes, Gulliver en el país de los gigantes, Eclipse de sol y El hotel eléctrico, en las que están presentes maquetas, dobles exposiciones y efectos obtenidos gracias al mágico «paso de manivela», fue contratado por la poderosa compañía francesa Pathé para que se encargase de sus producciones de fantasía. Innovador y extraordinariamente creativo, Chomón fue autor de más de 500 trabajos cinematográficos que tuvieron una influencia importante en las posteriores obras de muchos cineastas europeos. De hecho, ya en la parte final de su carrera, colaboraría en el diseño de efectos visuales de películas tan conocidas como Cabiria, de Giovanni Pastrone, o Napoleón, de Abel Gance.

El corto La barba rebelde

Existieron numerosos pioneros que jugaron con las posibilidades mágicas de la imagen. Una muestra de ello lo ofreció la compañía de distribución holandesa Van Duinen con esta recopilación de efectos titulada Narren-Grappen.

Y, en breve, llegaron también las primeras obras de animación. Una de las más famosas fue Gertie el Dinosaurio, el primer personaje animado con personalidad propia, creación del dibujante Winsor McCay, responsable también de las tiras de El pequeño Nemo.

Presentación

El cine actual es puro vértigo: acción, explosiones, persecuciones… Rara es la película en la que no aparezca un dragón, una catástrofe natural o, al menos, un movimiento de cámara imposible. Hay quien asegura que gusta de hacer las cosas a la antigua usanza. Sam Mendes, por ejemplo, afirmó durante el rodaje de su segunda película de James Bond, Spectre, que había intentado rodar las secuencias de acción con el mayor realismo.

Luego, cualquier que viera Spectre seguramente tendría dificultades de diferenciar si esas escenas de acción pertenecían a un largometraje o a un videojuego.

Pero así es el cine actual: mucho efecto especial. Tanto, que puede adoptar casi un mayor protagonismo que la misma historia. ¿Ocurrirá por ejemplo en lo nuevo de Star Wars?

Desde luego, parece que el cine digital nos ha traído un nuevo tipo de espectáculo, que cada día tiene menos que ver con el cine clásico y que, por lo que parece, ha llegado para quedarse. Veamos otro ejemplo.

Y el secreto de todo este cambio está en algo que puede verse aquí.